“Chico” para la “Generación Britney”

La primera vez fue en Plaza… Para esa época, Plaza aún no era “el centro de todo”, aunque sí era -como lo sigue siendo- el sacrosanto templo de la gastadera nacional. “Le puedo ayudar en algo, señor?”, recuerdo que me preguntó la atenta dependienta.

 ¿”Señor” me dijo? Los pelos, todos, se me pusieron de punta. Ese tratamiento tan aseñorado era sintomático de que los años de “spring chicken” ya eran cosa del pasado. Creo que hasta se me nubló la vista, sudé y poco faltó para irme a negro, o quedarme totalmente en blanco, como prefieran.

 Tal parece que la amable dependienta tenía la encomienda de dar inicio a esa etapa de mi vida en que nació el “Señor”, justo al inicio de mi tercera década de vida.

 Nunca me había sucedido antes. Desde ese momento no hubo marcha atrás. Fue como todos los mortales estuvieran en componenda para, desde entonces, dejarme saber que ya había llegado a esa etapa de mi vida. Señor, señor, señor…

 Nada ha sido igual. Gracias a lo que yo llamo la “Generación Menudo”, que para ese entonces ya se despedía de los “teen”, pasé a ser una especie de ser “jurásico” porque para ellos el subtexto de “Señor” es ser “viejo”. O sea, que ya no sirves y prácticamente por decreto de conviertes en estorbo para la Humanidad.

 Como muchos, pasé por esa crisis existencial antes de llegar a la otra crisis, la de la “media vida”. Es decir, que no había terminado bien de resolver la crisis de los 30 cuando ya tenía encima la de los 40. Y esa, gente, es otra historia.

 Cual ganador de Survivor, el reality, entré a la cuarta década con cierto sentido de orgullo. “Llegué a los 40, le limpie el pico a todos y me siento mejor que nunca”, cavilaba. Para rematar, unos retoquitos estéticos con Rodríguez Terry (el cirujano, ¡hello!) y quedé set.

 En esas sigo, batallando con la vida… y las décadas pero ya no más quirófano.

 Sopresivamente mi vida ha dado un giro de 180. Estoy tan feliz como perturbado. Pienso que no me puedo quejar: de buenas a primera me convertí en “chico”.

 “Chico, ¿todo bien? ¿Le puedo ayudar en algo, chico? Cualquier cosa que necesite me avisa, chico. Chico, tengo buenos especiales, aprovéchalos, chico”. Era otra dependienta, también en Plaza, hará unas semanas. Ella es de la “Generación Britney”, de las que mascan chicle como cabras y orgullosamente llevan aserrín en la testa. Para esa generación, aparentemente, sigo siendo un “chico”. ¡Divino, que viva el aserrín!

 Estoy confundido porque no sé qué pasará cuando me encuentre con la tercera dependienta. Entonces, ¿qué seré? Por lo pronto me conformo con que sea en Plaza…


2 thoughts on ““Chico” para la “Generación Britney”

  1. LOL !

    Qué viva el aserrín !

    Gózatelo mientras puedas porque pronto pasarás de ser “chico” a ser ” Don”. Y aunque me mandes al carajo en este instante, va a suceder…

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