¿Hasta cuándo?

 

Esta mañana, luego de ir a dar la clase en UMET Bayamón, me fui a hacer diligencias y a llevarle su I-watch a la matriarca, gadget que era objeto de todo su deseo… O se lo llevaba o se lo llevaba. En una ojeada a Facebook, la muy Diana Matos me da fieros diciendo que el Marshalls de Plaza “es Disney”. Golpe bajo y ruin a un marshallero crónico como yo. Para agregarle más dolor al escarnio, la muy Diana Matos posteó que estaba relax aquello allí.

Lo más pronto que pude, salí de Caguas a Plaza. Llegué a Marshalls y estaba aquello como si estuvieran regalando dinero en efectivo. La gente llegando en comparsas, una locura. Solo los marshalleros de vena podemos bregar con eso. Sabemos los trucos, los atajos, los recovecos en donde puedes encontrar eso que tanto te gusta, que no te hace un carajo de falta, pero que tienes que comprar. Así fue mi experiencia en el sacrosanto templo de las marcas baratas por mucho menos. Conseguí par de cositas que no necesito, pero que ya están colgadas en gancho.

Mientras hice la maratónica fila para pagar se fue la luz… De repente estalló un “¡AAAAHHHHHHHH!” a coro… luego las carcajadas… y rápido se encendió la luz… De generador…
A los pocos minutos comencé a recibir en el celular las notificaciones de medios de prensa locales: apagón general deja sin energía a más de 800 mil abonados… De momento hice la suma: 800 mil sin luz ahora más casi los 200 mil que nunca la han tenido desde los huracanes, llegamos al millón. Back to square one…

Hace semanas, a consciencia, he tratado de estar alegre, de no coger lucha, de buscar lo bueno, lo alegre, de gozarme la nueva experiencia como docente, lejos del tirijala nuestro de cada día, ver lo positivo dentro de la realidad boricua tras María. Esa realidad es otra cosa, no es igual a como antes del 20 de septiembre de 2017, y creo que nunca lo será. Confieso que con el apagón de hoy, en menos ná se me derrumbó todo.

Desde entonces a esta hora que escribo estas líneas –ya con luz- he estado triste, muy triste, viendo de lejos pero con cautela ese hoyo negro que aquellos que sufrimos de depresión sabemos lo que es. Ahí no puedo ir, no puedo y no quiero. Y no voy.

Mientras evito llegar a ese “black hole”, no puedo dejar de sentirme apesadumbrado por el país que veo y siento a seis meses de María. Me causa mucho dolor, angustia y desasosiego ver cómo estamos… Veo a mi país todavía postrado, no solo lo veo sino que así lo siento. ¿Qué será de nosotros, de nuestro futuro? ¿Qué lecciones no hemos aprendido, qué debemos aprender?

Me pregunto ¿hasta cuándo?

Sigo.


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